Doña Candelaria, ante la puerta de entrada a “La Fonda”, con su nieta Macarena en los Carnavales de 1985. Archivo familiar.

 

         

  A DOÑA CANDELARIA LÓPEZ LLANOS

IN MEMORIAM

 

Candelaria López Llanos,

mujer sencilla y afable,

siempre apegada a su entorno,

como lo hicieron sus padres.

Fue siempre una buena madre

y a sus seis hijos crió

y, con muchos sacrificios,

por ellos se desveló.

Honesta y hospitalaria

con todos los transeúntes,

allí saciaban su sed

al regresar de la cumbre.

Siempre había un jarro de agua

en aquella humilde casa,

que ella ofrecía con gozo

sacándola de su talla.

Traía el agua de El Moro,

llamado así este paraje,

con su talla a la cabeza,

como lo hiciera su madre.

Fiel siempre a las tradiciones

que en su memoria guardaba,

conservaba sus costumbres

aunque los años pasaran.

Con su cultura heredada

del acervo musical

solía salir cantando

los días del Carnaval.

Ésa era una tradición

siempre por los Carnavales,

entonar aquellos cantos

visitando los lugares.

Era una mujer alegre,

entusiasta y divertida,

cantaba por los caminos

cuando del campo venía.

Esos cantos, que entonaba

con su estilo singular,

merecen hoy ser oídos

por quién los sepa apreciar.

Todo su enorme saber

del canto tradicional

lo ofrecía con orgullo

y su bondad natural.

Formó parte del llamado

Proyecto de Los Alzados,

aportando su saber

en todo lo investigado.

Hoy su valioso saber,

por su larga trayectoria,

se ha quedado para siempre

grabado en nuestra memoria.

¡Que Dios la tenga en la Gloria!,

eso es lo que deseamos,

pues su legado valioso

con cariño conservamos.

              

Manuel Domínguez Hernández

 

Doña Candelaria nació el 22 de agosto de 1923 en Icod el Alto, Los Realejos. Era hija de don Emilio López Llanos y de doña María del Carmen Antonia Llanos Dorta, y nieta, por línea paterna, de don José López y doña Bárbara Llanos y, por línea materna, de doña Juana Llanos Dorta. Contrajo matrimonio con don Vicente González Rodríguez, en la iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje de Icod el Alto, el 25 de junio de 1943, y formaron una gran familia con seis hijos: María, Clarita, Lorenzo, Tilita, Carmen Nieves y Rosa González López. Doña Candelaria, ya viuda, falleció en su domicilio de Icod el Alto, a los 93 años, el pasado 29 de mayo de este año 2017.

Le precedió su hermana, doña María Dolores López Llanos, que murió, a los 87 años, el 18 de julio de 2013. Lolita nos pidió, en nuestra última visita, que Los Alzados le tocáramos en su entierro y, aunque todos no pudieron asistir, la acompañamos, tal como ella lo había encargado luego a su familia antes de morir, desde la cripta a la iglesia y desde ésta, al cementerio. Fue una experiencia nueva y muy dura para todos, pero la cumplimos en su honor. De los múltiples cantares improvisados que se entonaron a lo largo del recorrido, sirva éste como recuerdo y ejemplo:

Los Alzados, con tristeza,

hoy damos la despedida,

tal como nos la pidió

nuestra querida Lolita.

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Foto de Lolita, obra de José Ramón Oller. Exposición "Sabios de la Tierra". Organización: Medio Almud Teatro, 1997

 

Como no podía ser de otra manera, a doña Candelaria también la despedimos tocando y cantando, a la salida de la iglesia. Los cantares fueron:

Virgencita del Buen Viaje,

icolaltera preciosa,

acógela junto a Ti

en tu trono de la Gloria.

Y este otro, que entonó, con una enorme emoción, su nieta Blanca Nieves:

Todos los nombres me gustan,

unos, más y otros, menos,

pero, llegando al de abuela,

yo, por mi abuela, me muero.

No eran nuevos estos deseos de despedirse cantando en su familia. Todos recuerdan como, antes de morir, la madre de doña Candelaria, conocida por Antonia “la Rana”, apelativo que alude, precisamente, a su gusto por el canto, se despidió de todos con el siguiente cantar, que aludía, además, a su marido, ya fallecido:

Adiós, que me voy del mundo,

que ya la tierra me llama,

y dejo en el testamento

que me entierren en tu cama.

De doña Candelaria se podrían contar muchas cosas. Fueron innumerables los ratos que compartimos con ella, tanto en su casa, como en los ensayos y actuaciones del Grupo Los Alzados. Pero, entre todas ellas, habría que destacar, al menos, tres: su generosidad, su positivismo y el entusiasmo que manifestaba en todo lo relacionado con la música, en particular, con el canto.

De su generosidad dio muestras siempre a todos los que pasaban por su casa, no en vano se le conocía como “La Fonda”. Situada en la parte más alta de Icod el Alto, en Los Tres Pinos, junto al camino que conduce al monte y a la cumbre, era la primera que se encontraban los que regresaban de sus trabajos agrícolas en los campos ubicados por encima, y sobre todo, de los que venían con cargas de cisco o de leña del monte o de la cumbre, en otros tiempos, un medio de vida de muchas personas que vivían en las medianías de la isla. Todas ellas solían descansar en “La Fonda” y tomarse, con avidez, el jarro de agua que, gentilmente, les ofrecía doña Candelaria para que saciaran su sed. Pero no era solo agua lo que solía ofrecer. A todas las personas que la visitaran las brindaba con lo mejor que tuviera en la casa en esos momentos. De ello puedo dar fe, pues así actuó siempre en todas aquellas visitas que hice a su casa, incluso cuando estaba enferma. Aún recuerdo como, en la celebración de uno de sus últimos cumpleaños, escuché cómo decía a sus hijas que atendieran a don Antonio, nuestro maestro de música tradicional, que nos acompañaba siempre con su guitarra para cantarle a doña Candelaria en ese día tan especial para toda la familia. Y esas atenciones iban, además, aderezadas con mucho cariño, hasta ese punto llegaba su generosidad.

De doña Candelaria hay que destacar también su positivismo. ¡Cómo se crecía ante la adversidad! Vivió momentos muy difíciles para poder sacar a su familia adelante, paro lo cual nunca escatimó sacrificios de toda índole y esfuerzos, en ocasiones, incluso, sobrehumanos. Y ese positivismo lo transmitió a su familia y a cuantas personas tuvimos la suerte de compartir muchas vivencias con ella. Fue una auténtica lección, que nunca olvidaremos. Ilustra esta especial cualidad de doña Candelaria, el primer cantar que tuvimos la fortuna de escucharle:

Por esos caminos vengo

cantando, por no llorar,

que, si lo llego a pensar,

ni ojos con qué llorar tengo.

En esta positividad, sin duda, influyó mucho que doña Candelaria tuviera muchas aptitudes para la música, en especial para el baile y el canto, no en vano era hija de una cantadora excepcional: su madre, quién no dejó de cantar, como hemos dicho, hasta momentos antes de morir. Por ello, desde muy joven, al igual que su hermana Lolita, se convirtió en una auténtica maestra de los cantos tradicionales. Destacó como una gran intérprete de los cantos de trabajo, con los que distraía los esfuerzos del trabajo o el cansancio del camino hasta llegar con su carga de leña a su casa, ya fuera sola, o bien acompañada de su marido con su mulita cargada también. Y destacó, asimismo, como intérprete de los cantos de los bailes y parrandas tradicionales, sus más preciados momentos de diversión a lo largo de toda su larga vida. Siempre recordaremos el cantar que, en honor de su marido, entonaba, una y otra vez, en los últimos ensayos de Los Alzados que pudimos compartir con ella:

Mi madre me dio de palos

por querer a un artillero;

vengan palos y más palos,

que yo a mi artillero quiero.

De su particular estilo de cantar, tanto durante el trabajo como en los bailes y parrandas, doña Candelaria, al igual que su hermana Lolita, dejaron amplias muestras que han quedado para siempre en la memoria de su familia, en particular de sus hijas, que han sido sus más fieles herederas. Todas ellas, además, han sido, afortunadamente, grabadas y las seguiremos dando a conocer a lo largo de las publicaciones que aún quedan pendientes del Proyecto Los Alzados. Son auténticas joyas, que ponen de manifiesto la enorme riqueza que atesoraban y que hoy guardan, como la más preciada herencia, sus hijas, pues son conscientes, como nosotros, de que constituyen su más valioso legado de nuestra música tradicional. Doña Candelaria puede descansar en paz, pues ese legado, que un día empezó a darnos a conocer al calor del fogal de su antigua cocina, en la que hicimos la primera entrevista en compañía de sus nietos, quedará para siempre grabado y formará parte de la Historia de la Música Canaria.

Carmen Nieves Luis García

   Icod el Alto despide

a una valiosa mujer,

por su noble proceder

y su carácter sublime.

Quien la conoció se aflige

y llora mucho su ausencia,

ella fue como una estrella

con que Dios premió a este pueblo

dejando muchos recuerdos

impregnados en sus huellas.

   ¡Oh qué dichosos momentos

los que pasamos contigo!

De ellos queda de testigo

tu admirable testamento.

Es el más rico alimento

en el que ha de nutrirse

todo el que quiera instruirse

del saber tradicional,

de su legado ancestral

y entender bien lo que dice.

   Ahora me estoy acordando,

¡oh qué cosa tan bonita!,

verte cantar con Lolita

mientras estaban segando;

y también verte bajando

con don Vicente, tu esposo,

los dos rebosando gozo,

al recordar el pasado

junto a sus hijos amados

muy felices y dichosos.

   A Dios del Cielo le pido,

en su bondad infinita,

por Candelaria y Lolita

y también por su marido.

Los Alzados, que se han ido,

están juntos en la Gloria

y aquí honramos su memoria

hasta que juntos estemos

y, en concordia, celebremos

los anales de la historia.

                    Juan Francisco Rodríguez López

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Doña Candelaria en la entrega del doble LP de Los Alzados, en el que fue incluida una pequeña muestra de sus cantos de trabajo y diversión. Archivo Los Alzados.