A DOÑA EMILIA LUIS GIL, UNA MUJER

EXCEPCIONAL

(San Juan de La Rambla, 1915-2013)

IN MEMORIAM



    Yo, buscando maravillas,

     de Emilia Gil me acordé

  y en mi memoria encontré

   su historia larga y sencilla.

    Es una estrella que brilla

     en lo más alto del Cielo

   y, desde allí, con esmero,

      ella nos está mirando

  y nuestros pasos guiando,

  mostrándonos el sendero.

  Doña Emilia fue un modelo

   donde caminó el Alzado,

   con su carácter pausado

 y con sus grandes anhelos.

Hoy nos queda el gran consuelo

   de sus sabias enseñanzas,

aunque también la añoranza

de que ya no esté presente

    para decirle a la gente,

    de una manera sencilla,

    cuáles son las maravillas

que siempre guardó en su mente.

 

                                                    Juan Francisco Rodríguez López

 

            Apenas empezábamos a asimilar la lamentable pérdida de don Raimundo Díaz González, maestro único e irrepetible de la música tradicional de violín conservada en la comarca de Icod de los Trigos, que nos dejó el pasado 7 de enero, cuando nos comunicaron, el día 14 de abril, el fallecimiento de nuestra querida e inolvidable doña Emilia Luis Gil, una mujer excepcional, no solo por su belleza interior y exterior, y por el profundo respeto y amor que siempre manifestó hacia la naturaleza, en especial hacia los animales, sino también por sus dotes naturales y exquisitas para cualquier tipo de actividad artística, especialmente para la música.

             Doña Emilia nació en La Fuente el Bardo, San Juan de La Rambla, el día 11 de octubre de 1915. Era la hija más pequeña de don Felipe Luis González y doña Eulogia Gil Reyes, ambos naturales y vecinos de este mismo municipio. Por línea materna, era nieta de don Felipe Gil Domínguez y doña Emilia Reyes López, naturales del Realejo Bajo; y por línea paterna, de don Antonio Luis González y doña Cecilia González González. Formaba parte, a través de su abuelo paterno, de la Familia Los Luises, extendida, fundamentalmente, por los altos de San Juan de La Rambla y La Guancha, y entroncada, como hemos podido demostrar recientemente, con la Familia Los Alzados. Su pertenencia a un tronco común explica las estrechas relaciones que siempre existieron entre estas dos familias, a las que, sin duda, contribuyó el gusto que todos sus miembros demostraron, y aún siguen demostrando por la música y, sobre todo, por el baile.

             El entorno natural en el que se desarrolló su infancia despertó, muy tempranamente, en doña Emilia un gran amor por la naturaleza y los animales de su entorno, que quedó reflejado en el amplio repertorio de juegos imitativos con que entretenía, junto a otros niños y niñas de su familia, el tiempo que tenía que dedicar al cuidado de las cabras de su casa para que no se metieran y dañaran las tierras cultivadas. Ese contacto directo y diario con los animales, le permitió desarrollar su capacidad de observación y una de sus habilidades artísticas: el modelaje de exvotos en cera, que los adultos solían ofrecer como promesa a los santos protectores de la familia y, especialmente, del ganado. En sus juegos imitativos, además, quedaron reflejadas muchas de las costumbres de su entorno social y familiar, una de las cuales le proporcionó la formación necesaria para desarrollar otra de sus dotes artísticas: la confección de trajes, primero para sus muñecas de trapo o de carozo, y más tarde, para los trajes de mujer, especialmente de novias, a las que vestía y maquillaba como cualquier modista actual, aunque sus medios fueran muy escasos y siempre naturales.

             Desde muy pequeña, también, doña Emilia manifestó un gran interés por la música. En su familia todavía se recuerda cómo se perdió, durante unas fiestas de San José, y sus padres la vinieron a encontrar en medio de los músicos de la banda. Este temprano interés no era ocasional, se debía a sus especiales aptitudes musicales, que puso de relieve muy pronto aprendiendo a cantar y a tocar algunos instrumentos tradicionales, como el acordeón de botón (acordeón diatónico), el laúd o la guitarra, un fenómeno realmente sorprendente para su época en una niña. Pudo contar con un maestro excepcional en su propia familia: su padre, don Felipe Luis González, un excelente tocador de guitarra reconocido tanto por la Familia Los Alzados como por la Familia Los Luises.

             A su gran amor por la música se debió que un día decidiera entrar a formar parte del Grupo Los Alzados, convirtiéndose, a partir de ese momento, en uno de los pilares más importantes del proyecto y, en particular, de la parranda, al ser tocadora de guitarra y heredera del estilo y del repertorio que le había transmitido su padre. De ese repertorio tenemos que destacar su versión de las Malagueñas, pues constituye un documento muy valioso para la historia de la Música Tradicional Canaria y, particularmente, en la evolución de este género. Estas  Malagueñas fueron siempre muy especiales para doña Emilia y de ello dejó constancia en el doble LP publicado por Los Alzados en 1987. Para esta ocasión, no dudó en cantarlas en memoria de su padre, improvisando los siguientes cantares:


Mi querida Malagueña.

que la heredé de mi padre;

la siento en el corazón

porque la bailó mi madre.


Yo, buscando maravillas,

en la memoria encontré

Malagueñas de mi padre,

que en mis sueños las soñé.

 

            Con su padre doña Emilia aprendió, no solo a cantar y a tocar, sino también a leer y escribir. Esto le permitió que, siendo ya mayor, pudiera mostrar sus particulares dotes poéticas. Siempre había sentido la necesidad de escribir poesías, pero no lo había puesto en práctica por considerarse incapaz. Pero un día, no sin asombro para ella misma y para los que tuvimos la suerte de ser testigos, descubrió que podía expresarse poéticamente y, desde entonces, la poesía se convirtió en el medio de expresión de sus sentimientos más íntimos e, incluso, de los momentos más significativos de su larga y sorprendente historia personal. De esos primeros momentos, nos hemos permitido entresacar la carta que nos escribió como despedida debido a que tuvimos que pasar dos años en Asturias:

 

    ¡Carmen Nieves de mi alma,

     yo te quiero y te venero

   porque a mi padre querido

     me lo subes en el Cielo!

    Yo que tanto te deseo

    que nunca puedas morir,

pues has venido a hacer feliz

     los pueblos icolalteros.

   Si ellos te lo agradecen,

     te darán el corazón

      con infinita pasión,

que muy bien que lo mereces.

   Que son tantas de las veces

    que has perdido de dormir,

     llevarnos a un porvenir

   que tu alma se la ofreces.

 Que no te paguen con creces

   y tengan mucho cuidado,

  que el número Los Alzados

      horita pasa de mil.

   Debemos de hacer feliz

     a esta divina paloma,

que el alma se le apasiona

¡Dios quiera no tenga fin!

   Dicen que te vas a ir,

  y como yo me lo creo,

    todos, al verte salir,

a todos nos sirve de duelo.

 Ya no tenemos consuelo

 de aquellos actos divinos

 que disfrutamos contigo,

que lo hacías con esmero.

 ¡Dios quiera contigo vaya

nuestra Virgen del Buen Viaje

  y que nos traiga noticias

    donde sea tu paraje!

   ¡Bendita sea la tierra

    que tú vayas a pisar!

  ¡Nunca te podré olvidar,

ni después que yo me muera!


Siempre tu amiga: Emilia

Icod el Alto, 29 de agosto de 1989

           

            Doña Emilia constituía el último pilar que nos quedaba de la primera generación de maestros de la música tradicional conservada en Icod de los Trigos con la que pudimos contar para nuestro proyecto. Antes que ella, ya nos habían dejado nuestros primeros maestros-bailadores: don Felipe Díaz González, doña Otilia Luis Luis; don Felipe Fumero Luis y doña Mercedes Pérez González; y doña Teresa López Ramos. Y antes que ella, asimismo, habían fallecido nuestros primeros maestros-tocadores: don Domingo Luis Luis, tocador de laúd; don Adolfo González Llanos, de guitarra; y don Raimundo Díaz González, de violín. A ellos tenemos que añadir el único constructor de instrumentos tradicionales de esta comarca, don Cándido Gil Falcón, y dos tocadores de las siguientes generaciones, que murieron más jóvenes: don Francisco Porfirio González González, un gran tocador de violín conocido por Fillo, que falleció cuando contaba solo con 36 años; y don Martín González Pérez, tocador de contro (timple de cuatro cuerdas), que murió a los 65 años.

                    Lamentablemente, ya no están entre nosotros, pero su valioso legado musical ha quedado registrado ya para la Historia de nuestra Música Canaria en numerosas grabaciones sonoras y audiovisuales, la mayoría aún inéditas; y lo que es mejor aún, ha quedado grabado también en la memoria de las jóvenes generaciones que tuvieron el privilegio de recibir sus enseñanzas. Ellas son hoy las depositarias de su gran herencia musical. Todos pueden, por tanto, descansar en paz porque la tradición musical que conservaron celosamente durante tantos años, la depositaron en jóvenes tocadores, cantadores y bailadores muy entusiastas y amantes de sus tradiciones que, estamos seguros, la sabrán seguir transmitiendo a las futuras generaciones con la misma generosidad, respeto y fidelidad con que la recibieron. Éste, sin duda alguna, sería el mayor y el más merecido de los agradecimientos, ante el que, ya desde el Cielo, doña Emilia exclamaría, como hizo en su homenaje y cuando le llevamos a su casa los galardones del Premio Canarias 2012 y la Medalla de Oro del Ayuntamiento de San Juan de La Rambla otorgados a Los Alzados: ¡QUÉ BELLEZA! ¡QUÉ BELLEZA!

 

                                                                              Carmen Nieves Luis García

 


                                                 JUNTOS EN EL RECUERDO

      Tu silencio, tu ternura

        y tu forma de mirar

  quedó grabada en nosotros

     tu sencillez y humildad.

  Tú, buscando en la memoria,

   supistes siempre encontrar

     esa herencia de tu padre

      que no podías olvidar.

       Ese legado precioso

       de música tradicional

   que, con cariño y esmero,

      sabías siempre mostrar.

 ¡Que Dios te tenga en la Gloria,

     donde tu padre ya está!

     ¡Tus amigos, Los Alzados,

      siempre te recordarán!

                                                                        Manuel Domínguez Hernández



  

 1. Doña Emilia Luis Gil en su juventud. Fotografía cedida por sus sobrinos Esther y Justino, en palabras de doña Emilia, los dos ángeles que, junto a su hija Victoria, la cuidaron y mimaron durante la última etapa de su vida. Archivo familiar.

  

 

 2. Doña Emilia nunca perdió su interés por la música, de ahí que fuera capaz de seguir tocando su guitarra y cantando cuando ya tenía algo más de 90 años. Foto Rosi Abreu. Archivo Los Alzados.

 
 
 

3.  Los primeros maestros bailadores, tocadores y cantadores de la Familia Los Alzados y de la Familia Los Luises ya fallecidos. De izquierda a derecha: doña Emilia Luis Gil y doña Otilia Luis Luis, junto a su prima, doña Carmen Guerra Luis; doña Mercedes Pérez González y su esposo, don Felipe Fumero Luis; don Adolfo González Llanos, don Raimundo Díaz González y su esposa, doña Teresa López Ramos; y don Domingo Luis Luis. Foto de la autora realizada durante una entrevista llevada a cabo en 1986. Archivo Los Alzados.