A NUESTRO AMIGO LIBORIO

   Cuando se  va un compañero

      deja un vacío profundo,

pues no hay nada en este mundo

    que cause más desconsuelo.

       Le quiero pedir al Cielo

       por Liborio que se fue

       y por Ñaña, su mujer,

que hace un tiempo que partió.

      Por ellos le pido a Dios

     que ya los tenga con Él.

      Con todo su proceder

      a muchos nos cautivó

       y a Los Alzados dejó

     gran parte de su saber.

     Él lo supo comprender,

  pues era hombre de honor,

      exquisito bailador,

  repentista y buen poeta,

 que cantaba las cuartetas

    y bailaba aún mejor.

Los Alzados, con fervor,

le rinden este homenaje;

donde quiera que se halle,

   le rezan una oración

y siempre, con mucho amor,

lo tendremos muy presente,

pues, aunque se encuentre ausente

  y muy lejos de esta tierra,

    bailará las Malagueñas

con nosotros igualmente.

 

                                               Juan Francisco Rodríguez López

 

Dice un viejo y acertado refrán, cuando se produce algún percance o tragedia, que “nunca hay dos sin tres” y eso se ha cumplido en Los Alzados. A lo largo de los seis primeros meses de este año 2013, hemos perdido a tres grandes maestros de la música tradicional conservada en la histórica comarca de Icod de los Trigos: el primero fue don Raimundo Díaz González, tocador de violín, que falleció el día 7 de enero; tres meses después, el día 14 de abril, nos dejó doña Emilia Luis Gil, tocadora de guitarra; y el 1 de julio, don Liborio López Ramos, el último maestro bailador de Los Alzados. Afortunadamente, los tres pudieron disfrutar de un sentido y merecido homenaje que tuvo lugar en las Fiestas de San José del año 2011, coincidiendo con la presentación, en el municipio de San Juan de La Rambla, de nuestro libro: La música tradicional en Icod de los Trigos. Tiempo de juegos, rezos y entretenimientos. Los tres tuvieron la fortuna, además, de tener entre sus manos dos galardones otorgados al proyecto Los Alzados, del que fueron dos pilares fundamentales: el Premio Canarias 2012 y la Medalla de Oro del Ayuntamiento de San Juan de La Rambla.

 

            Don Liborio nació en Icod el Alto, Los Realejos, el 23 de julio de 1931. Era hijo de don Cipriano López Vargas y doña Encarnación Ramos Llanos, y nieto, por línea paterna, de don Pedro López Martín y doña María Vargas Alonso; y por línea materna, de don Victorino Ramos González y doña Pelegrina Llanos Dorta. Por esta línea pertenecía, enteramente, a la Familia Los Alzados, puesto que don Victorino era hijo de doña Matilde González Ravelo, hermana de don Anselmo González Ravelo, el patriarca de Los Alzados, y doña Pelegrina era hermana de doña Emilia Llanos Dorta, la esposa de don Anselmo. Esto, unido a que su hermana, doña Teresa López Ramos, estaba casada con don Raimundo Díaz González, nieto de don Anselmo, fue lo que determinó que decidiera entrar a formar parte, como ellos, del Grupo Los Alzados en calidad de maestros de la música tradicional de la zona. Los notables progresos que, poco a poco, fueron consiguiendo motivaron, en palabras del propio don Liborio, que se sintiera, desde entonces, muy orgulloso de ser llamado “alzado”.

 

            Hombre entusiasta, muy alegre y, en ocasiones, pícaro y travieso como un niño, don Liborio reunía todas las condiciones para ser un maestro de bailes tradicionales, el último que nos quedaba en Los Alzados. Jamás podremos olvidar su estilo particular de bailar la Rumba con su hermana, doña Teresa, con la que formaba una pareja única e irrepetible. Pero para las Malagueñas, su baile favorito porque podía bailar con varias mujeres a la vez, siempre solía elegir a jóvenes bailadoras que le permitieran quedar bien y lucirse haciendo múltiples y vistosas figuras con agilidad y maestría, tal y como había aprendido por tradición. Siempre recordaremos con qué naturalidad, soltura y sabor bailaba las Malagueñas con Carmita Rosado e Isabel García, excelentes bailadoras que muy pronto aprendieron a dejarse llevar por las directrices marcadas por don Liborio, tal como exige, igualmente, la tradición.

 

            Además de bailar, a don Liborio también le gustaba cantar, cuando se le presentaba la ocasión, el Punto cubano, siguiendo el modelo aprendido, sobre todo, de su padre. Si bailando ponía de manifiesto su gran pasión por el baile, a través de sus cantos transmitía otro de los rasgos característicos de su personalidad: la picardía. Muchos de los cantares y décimas tradicionales que recordaba eran de contenido picante. Puede servir de ejemplo el Punto cubano que eligió para la grabación del LP de Los Alzados publicado en 1987. De esa picardía, pero en forma de travesuras, también hacía gala en los juegos tradicionales, como el Trompo, la Birdalla e, incluso, en la Lucha, cuando solo servía para entretener el tiempo de descanso que dejaba, al final de la jornada, el fatigoso trabajo de la trilla en la era. En esos ratitos de descanso, además, no eran pocas las travesuras que solía hacer, especialmente a su esposa, doña Zenaida Luis Hernández, conocida por Ñaña, que disfrutaba como nadie con las ocurrencias de su marido. De todo ello ha quedado constancia en los juegos y entretenimientos tradicionales grabados para el DVD que ilustra el libro que hemos citado anteriormente.

 

            Si “Mundito” fue el alma de la Parranda Los Alzados y doña Emilia, el modelo inigualable a seguir por su exquisita sensibilidad para la música, don Liborio fue el último maestro capaz de transmitir la felicidad inmensa que puede llegar a proporcionar el baile. Antes que él ya se habían ido todos los maestros bailadores de Los Alzados: don Felipe Díaz, doña Otilia Luis, don Felipe Fumero y su esposa, doña Mercedes Pérez; don Amable Delgado, doña Nicomedes Pérez, su propia hermana, doña Teresa López y, además, don Elisio Díaz “el Verga” de La Esperanza, que se sumó con mucho gusto a nuestro proyecto. Ya no están presentes, físicamente, en nuestros bailes y parrandas, pero es imposible no recordarlos al bailar y, mucho menos aún, no imaginarlos cuando contemplamos los jóvenes bailadores y bailadoras que aprendieron con ellos. Todos han seguido siendo fieles a sus enseñanzas y, por consiguiente, a la tradición, incluso en exhibir, como sus maestros, sus estilos particulares de bailar y disfrutar bailando. Pueden descansar en paz porque ésa es la mejor herencia que nos pudieron dejar, por la cual les estaremos eternamente agradecidos.

 

                                                                            Carmen Nieves Luis García

 

IN MEMORIAM

 

Don Liborio López Ramos,

buen amigo y bailador;

el tenerlo entre nosotros

fue un orgullo y un honor.

Nos transmitió su saber del baile tradicional,

legado que hoy en día es difícil de igualar.

Fue un baluarte de su tiempo en baile tradicional

todo su conocimiento lo quiso siempre mostrar.

Legado que él aprendió de la gente del lugar,

que, en las parrandas de antaño, solía participar.

Bailaba las Malagueñas con su estilo singular,

formando bellas figuras que él sabía encadenar.

Conducía a las mujeres bailando todas a un par

como cometas al viento guiándolas sin parar.

Podían ser ocho o diez, la cantidad daba igual,

y él las iba enhebrando como aguja en el telar.

Con mucho cariño y fuerza no dejaba de exclamar:

-¡Entren por aquí, muchachas, que se van a equivocar!

Iba marcando los pasos para llevar el compás

de aquella cadena humana con elegancia sin par.

Todo aquello que sabía siempre lo supo aportar,

disfrutaba como nadie del baile tradicional.

El que ofrece lo que tiene es el que da de verdad,

porque es suyo lo que ofrece y es fruto de su bondad.

Tus amigos, Los Alzados,

te tendrán siempre presente,

te llevarán en su mente

aunque no estés a su lado;

y a Dios piden, con agrado,

para que te dé la Gloria

y perdure en la memoria

tu labor en Los Alzados.   

 

                                                            Manuel Domínguez Hernández

 

 

   1. Don Liborio en 1987. Archivo Los Alzados.

 

 

   2. Don Liborio bailando las Malagueñas con Carmita Rosado e Isabel García. Archivo Los Alzados.